domingo, 4 de septiembre de 2016

“PRO-VIDA”: NI A FAVOR DE LA VIDA NI EN CONTRA DEL ABORTO


Como se puede apreciar muy fácilmente, los partidarios de la ideología identificada como “pro-vida”, no sólo no realizan acción alguna por la defensa del medio ambiente o de las especies en peligro de extinción, (como debiera ocurrir si efectivamente fueran pro-vida), sino tampoco en contra de la guerra, de la desaparición forzada de personas, de la desnutrición y el hambre, de la falta de medicamentos básicos para millones de seres humanos en el planeta (como debiera ocurrir si fueran al menos pro vida humana). Más aún, frecuentemente son incluso partidarios de la pena de muerte. En nuestro país por ejemplo, el más insigne de los “pro vida”, y quien intentara consagrar en la constitución la prohibición del aborto, Jaime Guzmán E., no sólo no condenó un régimen que torturaba y asesinaba, sino que lo avaló, lo defendió, y ayudó a consagrarlo ideológica y jurídicamente. En definitiva apoyó al gobierno más criminal y menos “pro-vida” que ha tenido nuestro país. en toda su historia. Y por si fuera poco, terminada esa dictadura –contra la voluntad de Guzmán que se esforzó porque continuara- fue uno de los grandes defensores de la pena de muerte. Una situación similar se replica en cientos de “pro-vida” chilenos.

Tampoco puede estimarse que estén verdaderamente en contra del aborto, si no combaten la principal causa de éstos, los embarazos no deseados. Por el contrario, rechazan el uso de métodos anticonceptivos y más aún, que estos se encuentren fácilmente disponibles para quienes tienen una vida sexual activa, se esfuerzan por prohibir la píldora del día después, y rechazan la educación sexual en los colegios, y el aumento del poder de las mujeres en la capacidad para tomar decisiones sobre aspectos sexuales y reproductivos. Y esos son precisamente los principales mecanismos para incidir de manera efectiva en la disminución de los embarazos no deseados, causa directa, como hemos dicho, de los abortos.

Algunos autores han estimado que son exclusivamente “pro fetos”, esto es, que lo único que les interesa es que las mujeres embarazadas den a luz el producto de la concepción y se sancione a quienes atentan contra ello. Y sin embargo ni siquiera ese parece ser un objetivo real. Y esto, entre otras razones, porque el delito de aborto no busca, ni ha buscado nunca efectivamente sancionar a quienes realizan esa conducta.  El delito de aborto ha sido, y es, en términos sociales, un figura penal meramente simbólica. Y ello, simplemente porque no es real ni posible ese objetivo.

El artículo 344 de nuestro Código Penal dice textualmente “La mujer que causare su aborto o consintiere que otra persona se lo cause, será castigada con presidio menor en su grado máximo”, esto es, con una pena que va de 3 años y un día a cinco años

Por razones obvias no sabemos el número de abortos realizados en nuestro país, y las cifras resultan muy variadas. Mientras el Ministerio de Salud habla de unos 33 mil abortos al años, (unos 90 abortos al día), el Instituto Chileno de Medicina Reproductiva en Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2013, los estima en unos 60 a 70 mil, y aún algunos autores señalan una cifra de 160 mil al año. Y sin embargo según información del diario La Tercera, a enero del año 2015, sólo seis personas, y todos hombres, cumplían pena privados de libertad por el delito de aborto([1]). Y si están tan convencidos de la naturaleza delictiva del aborto, y de la necesidad imperiosa de sancionarlo penalmente, como los “pro-vida” dicen estarlo ¿no debieran luchar porque efectivamente se persiga el delito, se sancione a quienes lo cometen y se les encarcele  por ello?

La verdad es que cualquiera que sea la cifra real, lo único cierto es que resulta imposible perseguir ese tipo de conductas y consecuentemente sancionarlas. Incluso si la cifra real fuera la menor que hemos señalado. ¿O alguien cree seriamente que nuestro país soportaría encerrar anualmente a 33 mil mujeres? ¡Y qué decir de tratar de encerrar anualmente a 160 mil! No sólo no hay presupuesto, policías, jueces, gendarmes, ni cárceles para ello, sino que tampoco podríamos generar anualmente ese número de hogares sin madres, sin hijas, sin hermanas. El costo social de un desatino de esa naturaleza sería de tal envergadura, que muy pronto generaría una reacción social absolutamente inmanejable. En verdad la disposición penal no tiene ninguna posibilidad real de hacerse efectiva. Sólo sirve para penalizar, a lo lejos, a una mujer pobre que casi pierde la vida en un aborto clandestino y llega en esas condiciones a un centro de salud. Las otras decenas de miles de casos quedan en la impunidad (afortunadamente), y a nadie le importa, incluyendo los "pro-vida". Y así lo sabe todo el mundo que medianamente se inicia en el estudio del tema. Y también lo saben quiénes se dicen “pro-vida” y luchan porque se mantenga el aborto como delito en el Código Penal. ¿O han visto a alguno de ellos proponiendo la generación de brigadas especiales de la policía para perseguir este delito? ¿O siquiera pidiendo más recursos para enfrentarlo? Nada de eso se hace. Y ello, porque como hemos señalado, el movimiento “pro-vida”, por cierto en sus eslabones pensantes y no en el público que los sigue, busca objetivos distintos a la supuesta protección de la vida del que está por nacer.

A una conclusión similar se llega si se considera que aquí en nuestro país,  por más de 50 años se permitió legalmente el aborto por peligro para la vida de la madre, (Código Sanitario, artículo 119, vigente entre 1931 y  1989) situación condenada formalmente por la Iglesia, sin que hubiera la más mínima oposición a esa norma, o una propuesta política de eliminarla, ni desde el interior de la Iglesia, ni desde los partidos más identificados con las posiciones católicas (Partido Conservador, Partido Falange Nacional y Partido Democracia Cristiana). En esa época, simplemente no se necesitaba la excusa de condenar el aborto para perseguir los objetivos reales que hoy se buscan.

Y si no se trata de defender efectivamente al feto ¿Cuál es el verdadero objetivo?

Desde luego es altamente posible que los simples militantes del movimiento pro-vida efectivamente crean que luchan contra el aborto y por la defensa de la vida del que está por nacer. Habrá otros que simplemente quieran lavar imagen o disminuir sentimientos de culpa  ante tanta miseria y frente a la cual nada hacen por evitarla, pero por cierto debe haber una cantidad significativa de personas que honestamente creen estar protegiendo la vida.

Pero el verdadero objetivo de esta ideología es otro, ni más ni menos que la defensa de la moral católica conservadora, aquella que durante siglos dependió de los dictados de la Iglesia, y que hoy defiende su jerarquía. (Después de todo existen innumerables instancias religiosas que opinan distinto a lo que dice la jerarquía). Y esto, por lo demás ni siquiera se oculta, como se puede apreciar en casi todas las páginas web católicas unidas bajo el eslogan “pro-vida”. Y es que su aparente lucha contra el aborto, es todavía un buen mecanismo para en definitiva seguir luchando contra el matrimonio igualitario, la igualdad de la mujer, la eutanasia, el rechazo a la legalización de la marihuana, etc. La Iglesia Católica, que durante los últimos 17 siglos se organizó, estructuró y enseñó desde el poder, tuvo el prestigio, y el poder que tuvo, mediante el control de las conciencias. Cuando ella mantenía la hegemonía ideológica y decidía como debían actuar las personas (no solo los cristianos de una sociedad), su capacidad de control político y social era casi absoluto. Hoy día estamos en otra era. La jerarquía de la Iglesia Católica ha perdido de manera silenciosa, pero total y absolutamente su batalla para que las mujeres no utilizaran la píldora anticonceptiva, también perdió  la batalla por seguir discriminando a los hijos según si nacían dentro o fuera del matrimonio (hijos legítimos o ilegítimos) y también la referida a la indisolubilidad del matrimonio, esta vez cuando se estableció el divorcio. Hoy le queda muy poco espacio ideológico dentro del cual hacerse notar con alternativas de victoria (al menos en el corto plazo), y ese es, el supuesto rechazo al aborto. La ideología “pro-vida” es simplemente uno de los últimos esfuerzos de una ideología religiosa en decadencia, que desde el poder lucha por seguir controlando las conciencias, y mantener un poder político y social que se les esfuma a pasos agigantados.
Santiago septiembre de 2016




[1] Miranda, M. y Bertín, X,  “Seis personas condenadas por aborto en Chile cumplen penas en la cárcel”. Disponible en